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La Coctelera

mimala

12 Octubre 2011

celia

celia puede ser un buen momento para empezar. porque a celia es imposible no escribirla. no la había visto desde que murió antonia. y es su única hermana y lo que más recuerda a ella. y ahora, también, lo que más me recuerda a todo.´

cuando era pequeña, iba con antonia a pasar unos días con ella. por cambiar de aires. a mi me encantaba la casa de celia. ese portal en forma de arco. sentarme en las escaleras. pensaba que vivía en un segundo. y no, era un primero. hoy, treinta años después, descubro casi un gueto. lo que a mi  me parecía un paraíso hoy son unas casas baratas. unas casas pobrísimas, y algunas, un poco rotas. pero la casa de celia, el micropiso-microcosmos de celia conserva cierta dignidad. con sus ganchillos, sus fotos decolaradas por el sol. sus colchas de la tía juana, como las mías.

celia casi no puede andar y vive ahí, encerrada en un salón de tres metros cuadrados. pendiente  todo el día de eida, su vecina de enfrente y a la vez quien la cuida. nos cuenta que está muy disgustada porque a eida le han encontrado algo en el riñón. pero celia no está disgustada por el riñón de eida. sino porque si se pone en lo peor y es "algomalo" se va a quedar sin vecina y sin cuidadora. ,

mamá le lleva una caja de galletas danesas. de las que papá llamaba "las galletas de blanca" . porque hubo una época en la que blanca se obsesionó y todos los fines de semana le llevaba a papá una caja de galletas. sospecho que son de las que han sobrado pero no le digo nada a mamá. mi primo tito lleva pasteles. y celia nos pone un bizcocho de yogur de la pastelería valencia. ha mandado a eida a por él. yo como de todo, pasteles, bizcocho....pero muy poco, no tenemos hambre. así que celia se lamenta. le digo que no se preocupe, que me lo llevo yo para desayunar. y me lo he traído. montse, su nuera, me lo ha envuelto en papel albal. como mamá me envuelve las cosas.

la tarde con celia es tan intensa que me deja agotada. ni dos horas pero todo está tan lleno de todo. a lo mejor es culpa de la casa tan pequeña. me acuerdo de una vez que me hizo un vestido largo de tirantes, largo hasta los pies. era mi primer vestido largo. y de como antonia y yo íbamos a esperarla a una plaza llena de niños y de bicicletas a que saliese del trabajo.

tenía muchas ganas de ver a celia. porque es como abrir un album de fotos antiguo al que sólo le queda la última página. medio rota. el día que se rompa de todo, adios album. ahora sí que necesito apuntarme las cosas. y ahora sí que me alegro de haber apuntado tantas.

así que aquí estoy, a mediados de octubre, con una chaqueta verde heredada (como tantas chaquetas). con la mitad de un bizcocho de valencia envuelto en papel albal. y con ganas, más bien necesidad, de empezar a seguir. que no es lo mismo que empezar. o que seguir. me queda mucho más de celia. pero aún duele.

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regadera con zapatos siempre de tacón y rojísimos ensayando en un alambre como llegar a ser la hija de una bailarina rusa. sí, es muy díficil. pero nací con vocación de trapecista.

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