pencas
las pencas son los tallos de las acelgas. mensaje del señor del pantalón de tergal, que me instruye todo lo que puede en cosas de comida. bueno, y yo en ortografía, porque a veces se le escapan haches o zetas que no vienen a cuento. pero es genial porque siempre nos hace reir.
el día del post temporal nos fuimos a un pueblo que me encanta, cerca del faro pero sin llegar. porque en ese pueblo, los miércoles se les da por cerrar a casi todos los restauarantes.era postemporal meteorológico y emocional. y aunque no fue la calma más perfecta fue calma. me encanta ir con el señor del pantalón de tergal en el coche porque me invento que de repente vamos a seguir avanzando, avanzando, avanzando hacia un punto de fuga. y buscamos un sitio para comer.y lo encontramos. y me encanta la señora. seguro que mujer de marinero, teñida de rubio, con acento de las rías y pecas que no le pegan nada y por eso le quedan tan bien. me deja la silla en la que se ve un trozito de mar. es caballeroso hasta en eso. como quiero ser justa insisto en que no. si total no he traido las gafas y no veo, me convence.
y mientras él se levanta al baño a mi se me encoge el corazón. el estómago. todo. me encojo yo misma de la intensidad que tiene todo. de lo bueno y de lo malo que me llega todo junto en un pack. como el kit de supervivencia que me trajo hace dos días porque me ve ploff. y de repente una tarde gris de lágrimas, acaba con lucecitas encendidas, pequeñas y dispersas pero que tapan lo gris.con patatas fritas, jamón y queso que se deshace antes de llevarlo a la boca. y esa sensación de que la cabeza, por fin. se queda descalza. se baja de tacones imposibles. o se seca después de pisar charcos durante horas.
y pienso que cuando sea mayor recordaré lo bonitas que el señor del pantalón de tergal me hacía las tardes de los domingos. cuando si no fuese por él sería todo un manojo de nervios y un desastre.
y en la comida, como siempre, hablamos. y saboreamos la conversación igual que el vino, que se va acabando poco a poco. lento. y después damos un paseo pequeño por el puerto cuando sale el sol y a mi se me enreda la bufanda y él me ayuda a desenredarla. y llega un barco con marineros, y empiezan a descargar pulpos. y nos quedamos un rato mirando. y suenan las gaviotas. y después otra resobremesa con el puerto de fondo también. él lo deja a su espaldas porque me cede otra vez las vistas.
y toca volver. y somos cursis y nos cogemos la mano mientras regresamos. y nos quedamos un rato callados porque yo se lo pido. pero como él no es capaz de callar mucho, a los dos minutos me dice. hola. siempre que nos acercamos al faro, aunque no lleguemos, pienso en el werewolf de cat power. y en ese mar que más que romper, muere en las rocas. me encanta el mar con él. creo que a veces hacemos cosas muy de enamorados. como ir a ver las olas juntos. o cogernos la mano mientras regresamos en coche.
me explica los guiños pijos de una camisa cara. o me explica con paciencia la manera de hallar los metros cuadrados. y yo lo escucho mientras voy rodando rodando rodando hasta falling in love, total.
es mi manera de volar lo que no puedo.