respiramos y redonditas
supongo que a veces hay que descansar de escribir. o escribir asépticamente. y no porque no tengas nada que decir. que no es mi caso. porque podría decir de aquí a diez años más sin parar ni un minuto. pero resulta que ahora me preocupa más apuntarme las cosas que hago día a día. sin más. sin valorar. sin adornar. porque hacerlo en sí mismo es acojonante.
hoy tocó quimio con papá. y siempre es una lección a hostias. pero lección. papá con sus botones que se olvida de abrochar. con sus ojos que se hacen más verdes y pequeñísimos. atendiendo al oncólogo que le riñe. con razón. porque no se toma las pastillas contra el dolor. y porque el tiempo que estemos aquí, josé, hay que estar lo mejor posible, por usted y por los suyos, ea. y el ea no lo digo yo en plan literario. no lo dice el oncólogo que es andaluz. y yo dicieno ea también por dentro.
papá se aturulla tanto. se vuelve tan niño pequeño. con su bolsiño en el que lleva el móvil la cámara de video que también es de fotos, y cosas para mi inútiles y para él el colmo de la utilidad. y como hay anemia le van a dar hierro. y se pesa y tres kilos menos. y pregunta aturullado como está. las lentejas tienen hierro, no? sí papá tienen hierro.
y nos sentamos en los sillones de siempre. azules. y otra vez es como emprender el vuelo. y me fijo en una mujer, al lado. que nos da la espalda a todos. y que se le mueve el hombro muy despacito. no le veo la cara pero es tan guapa. lleva un vestido camisero negro y un moño recogido. y me da tanta pena. todos están en su misma situación, pero me da más pena ella porque estoy viendo por su hombro lo asustada que está. papá no puede abrir una pastilla y entonces ella que nos oye se da la vuelta. se aparta (porque no se seca, se aparta) las lágrimas como en plan, ahora sigo con vosotras y dice: deja que te ayude.
y nos damos cuenta la mujer y yo de que nos conocemos. de que hemos coincidido varias veces en el curro. y en el súper, apunta ella. y entonces ya nos hacemos amigas. y yo le cuento que siempre quise tener un restaurante que se llamase la hija de la bailarina rusa. y entoces ella me cuenta que iría fijo por ailarina y rusa. me cuenta también que hizo hasta quinto de ballet y que lo que ella quería era dedicarse a la farándula. y le cuento que le va a encantar la catedral de san basilio. y después de una hora ya somos amiguísimas.
y ella llora porque dice que hoy está sensible. pobriña. llora porque está acojonada. porque tener cáncer da miedo. mucho. y las lágrimas se te saltan por todo. y la hostia, zas, en el puto estómago. aunque a mi se me concentra por la parte de atrás de las rodillas, como que se me doblan.
y le cuento al señor del pantalón de tergal que tenemos mucha suerte. y aunque no se lo puedo decir tengo mucha suerte de haberlo encontrado en la vida, pero claro esto no se le puede decir a todo un señor de pantalón de tergal. que me ha regalado una bici , la suya que no usaba. con luces delante y detrás. con cambios. mi primera bici de cambios. con timbre y unas ruedas gigantes. y yo voy toda feliz en mi bici, pensando en mis cosas. que son muchas. y mientras pienso no escribo. para qué?? para esto??
pero en realidad me enfado. porque me quedan tantas cosas por escribir. más que nada para no olviadarlas. no más que nada, no. sólo para eso. al no escribir se me oxidan las palabras. mas que los huesos cuando tardo más de tres días en ir a ballet. es cierto las palabras también necesitan hacer ejercio todos los días. relevé, plié, fondí, gran bateman. y como dice montse la profe: respiramos y redonditas.