tejos, bicis, agendas
Hoy hice lo que Daniel me dijo que nunca hiciera. Ponerme a la sombra de un tejo. Pero eran las siete y después de tarde de piscina no podía con más sol. Yo que creía que era capaz de aguantar todo el sol del mundo.
El agua de la piscina está limpia y nada fría. Todo es como hace más de veinte años. No, no es igual. Todo es muy diferente. Faltan muchos. Pero el escenario es el mismo. Cojo la bici y voy al cementerio. Se me acelera el pulso cuando entro en Daniel a comprar tabaco. Cuando tenia quince años hacía lo mismo iba en mi bici rosa a comprar tabaco para fumar a escondidas. Ahora tengo cuarenta, mi bici es azul, y también fumo a escondidas pero sólo de mi misma.
Ayer robé hortensias. No fue exactamente un robo. Las cogí del jardín-matorral de mi tía maría. Es una casa de ladrillo, como la de los tres cerditos. Igual, abandonada. Las hortensias crecen por todos los lados. Yo sólo cogí cuatro. Las puse en la cesta de la bici y tuve que hacerle una foto de lo bonita que quedaba. Toda azul. De regreso a casa, un jabalí se me cruzó en el camino y casi lo atropello.
Las horas pasan sin hacer nada o haciendo todo. No hablo mucho con abuela. No me salen muchas cosas de las que hablar. Y ella lleva un par de días gruñona. Y hoy me dijo, no te enfades tú que si no me enfado yo. Y yo le dije, pues no me riñas. Me riñe porque dejo los cacharros a escurrir mientras hago mi cama. Y va la chica y los recoge. La chica es ángeles. Ayuda a domicilio. Que me cuenta los calabacines gigantes que crecen en su huerta. Y los pimientos amarillos. Los rojos. Los de padrón, no porque no le gusta que los pimientos piquen así que no los planta.
Pilucha está pasando unos días aquí. Me encantá tenerla como vecina. Pelirroja teñida y con pecas. Las pecas no son teñidas. Está con su amiga maría Eugenia. Marieuge le llama. Y con su sobrina Paula. Hablamos a través del muro y yo les doy los periódicos atrasados después de desmenuzarlos para que se enteren de lo que pasa en el mundo aunque sea con un día de retraso.
Me bajo de la bici para subir las cuestas. No soy capaz. Como cuando tenía 15. Pero entonces llegaba a casa y Antonia me reñía porque siempre tardaba.
El señor del pantalón de tergal ha descubierto las agendas que escribía su padre. Me llama y me lee varios días. Este es bueno, me dice. Coge días al tuntún y me va leyendo. Una vida apuntada en una agenda. Tal cual. Yo la apunto en un blog. Estoy impresionada con las agendas. Quiero que me lea mas. El otro dia me dio un beso en un brazo y se acordó de que había confundido la crema corporal con champú. Se embadurnó el cuerpo con champú. Y empezó a contarme un cuento de vaqueros que yo quise aprenderme pero fui incapaz. Y por vez dos mil veinte o algo así me morí de ternura.
Mientras leo sábado. No trabajo nada. Debería hacerlo. Pero estoy cogiendo impulso, creo. Necesitaba estos grillos, este olor. Desayuno por fin despacio. El pan tan rico de virginia y la mermelada de arándanos sólo porque no quedaba de naranja en el súper.
Estamos en agosto, que es azul piscina. Pero julio ha sido muchas cosas que como siempre me olvido de apuntar. Va a ser más práctico escribir una agenda que esto.
J. dijo
No te pases a la agenda, sería un error.
9 Agosto 2010 | 08:31 AM