1,87 y 1,71 y medio
El señor del pantalón de tergal mide 1,87. Yo, 1,71 y medio. El otro día nos medimos. Como cuando éramos pequeños. Mis primas y yo nos medíamos en las paredes del desván que aquí se llama fallado , para que nadie nos riñese por dejar marcas con lápiz. Escribiamos allí nuestros nombres. Los de ellas y los de mis hermanos que eran los más bajitos porque eran los más pequeños. Durante una época yo era la más alta. Después mi prima esther, que es un año más pequeña me superó para siempre.
El señor del pantalón de tergal se levanta y me pide lápiz y cinta métrica. Nos reimos, me pongo de puntillas para parecer más alta. No hagas trampas me dice. Y deja una marca, ras. Uno setena y uno y medio. Luego lo mido yo. Ras. 1,85. Le hago trampa. Se mide él. Le salen dos centímetros más. Ahora, en la pared de mi habitación hay dos marcas a lápiz. Nuestras alturas.
Le digo que se me ha olvidado multiplicar. No me cree y empieza a preguntarme la tabla del 6. 6 por 5? 32 le digo. Se ríe casi con lágrimas. Y me contagia. Cuando tenía siete años, la señorita maricarmen me preguntó 2 por 9. yo le dije 37. era un martes de carnaval. mamá me iba a llevar a un baile de disfraces vestida de flamenca. Me había entrenado para que mintiese al día siguiente. Iba a faltar y tenía que decir que había estado enferma.. Qué profe se iba a creer eso la tarde de martes de carnaval? Mamá ya tenía perfilado el plan. Pero de repente me preguntan el 2 por 9. y yo suelto el 37. la seño siguió preguntándome la tabla y yo no dí ni una. que venga urgentemente tu madre a hablar conmigo esta tarde. El plan se chafó. Mamá tuvo que esperar a que saliese del cole. Llegamos tarde. Fue el día que me subí en el erre doce de cani, una amiga de mamá, y yo perdí un clavel. Olé.
Pues igual, las tablas de multiplicar nunca fueron mi fuerte. Le hago leer un artículo sobre las esperas. El país de la espera. No me aporta nada. Me dice. Le digo que me secuestre y me dice que vale. Después me arrepiento y le digo que no va a ser capaz porque es demasiado pragmático. Qué tendra que ver el pragmatismo con el secuestro, me pregunta. ,Me reprocha los libros que le recomiendo. Son todos tristes y pasan cosas malas, se queja, así que algunos los dejas por la mitad. qué necesidad hay de sufrir? pregunta. yo me encojo de hombros. necesidad ninguna. se sufre, sin más.
El sol sigue sin salir.
B. me invita a cenar a su casa. Así veo los cuadros antes de la exposición. Algunos son impresionantes. B. huele a pachuli. Siempre huele a pachuli. Y su casa a oleo. Los cuadros están colocados en el pasillo. Un pasillo precioso, con suelo hidráulico . Con puertas modernistas, con cristales esmerilados, que dan a unas escaleras de madera que podrían dar miedo. Pero no lo dan. La casa de B. tiene una cocina de leña que no se usa, y que b. utiliza de despensa. Todo tan ordenado. Todo tan estéticamente perfecto. B. prepara la cena y me deja sola en el pasillo para que vea los cuadros como quiera. Sin presión. Los aparto uno a uno. Y hago comentarios en alto. Y mientras hablo me acerca una fruta y sigue pelando los ajos. Y empieza a oler a curri. Y a bueno. Y de repente me pongo supercontenta por esa sensación tan agradable. Por cenar en una casa que es como de peli, de mansión abandonada. Un poco como en grandes esperanzas, la antigua. la de blanco y negro. falta estela y el jardín destartalado.
B. no puede dormir. Lleva años sin hacerlo. Como muchísimo en las noches mejocísimas duerme tres horas. Está muy cansado. Pero siempre intenta disimularlo. Por eso no puede parar de pensar. De hacer. De sentir. de pintar, de cocinar. Agotado.
A veces escribir es como sentarse delante de una máquina de coser. Tacatá tacatá tacatá.
tttb dijo
mira por donde....
1 Agosto 2010 | 12:55 PM