las patas de la mesa
a veces me da verguenza estar tan feliz. como que quiero esconderlo. pero no puedo. le debo mi felicidad a un señor con pantalón de tergal? con una camisa remangada en la que siempre se cae una mancha? con unas gafas de ver de lejos que nunca se pone conmigo porque siempre nos vemos muy de cerca? o le debo la felicidad a eso de que no hay mal que cien años dure y al final la vida te da cosas buenas para compesarte de las malas? toda esta felicidad la da el amor?
hablaba ayer con abuela del amor. bueno del amor, de algo parecido. de su noche de bodas. de cuando abuelo le pidio palabra para un baile. sentados los dos al borde de una cama. y ella le dijo que sí. y de la botetada que le dio su padre, mi bisabuelo, cuando en la fiesta de san pedro fiz no apareció en toda la tarde. abuela cuenta como una desgracia que lo peor no fue la bofetada. lo peor era que al día siguiente era la mejor fiesta de todo el verano. y yo al sol, y ella sentada a la sombra del cerezo en flor. que sólo por estas semanas en que está en flor es precioso tenerlo, aunque luego, el pobre no da cerezas ni nada. pero da una sombra riquísima en verano. y punto.
pedir palabra para un baile. te apalabró el baile. y se casaron. y la noche de bodas a abuela le daba tanta verguenza cambiarse delante de él que durmió en enagua. y no estrenó la braguita y el sujetador que le había hecho su hermana. una braga con lazos por delante y por detrás me explicaba. y a mi me parece tan bonita la imagen de mi abuela en enagua blanca toda la noche. a ver si de ahí me viene a mi mi obsesión por las enaguas.
abuela a la sombra del cerezo con el pelo teñido que se le vuelve casi rubio platino. con sus monólogos que duran horas. que da igual que la escuches o no, porque ella habla para la casa. para las gallinas, para los perros. para mi. da igual. lo que importa es hablar. te escuchen o no. yo creo que ella lo hace como un ejercicio, como el paseo que da todas las mañanas. con sus dos bastones. encorvada dobladísima. y con esa fuerza de voluntad que me da mucha rabia no haber heredado.
le pregunto si su padre era bueno. y me mira como si fuese tonta. era un padre. un padre como otro cualquiera, dice. vamos que un padre es un padre, ni bueno ni malo. me reí mucho ayer con abuela. aunque ayer acabó la tarde vomitando. de tanto ajo que le eché a la pasta. pero antes fuimos las dos al cementerio, y antes fui a dar mi paseo. y me encontré con daniel y sus dos perros.
todo esto venía por lo del amor. por lo de que estoy feliz. por lo de que se me había olvidado esta tontería tan grande que te da estar enamorada. es como ser pequeño y estar escondido debajo de una mesa mientras los mayores comen. yo lo hacía en casa de abuela. debajo de esa mesa tan bonita y rota que mama tapa con un hule feisimo. para mi las patas de la mesa, es el piso de arriba, con la casa llena en las fiestas. y la voz de mi tio feliciano tan alto, tan guapo, tan con su voz de hombre que sonaba siempre por encima del resto. las patas de la mesa son mis primas y yo con los vestidos iguales que mamá nos compraba para que las tres fuésemos como hermanas. las patas de la mesa son el aparador destartatalado de abuela. con una cicatriz en el cristal. daría algo por tener ese aparador. la plancha siempre guardada en la puerta de la derecha. la plancha aún sigue siendo la misma. yo me sentaba en las patas de la mesa., y era superfeliz. el mundo arriba. hablando en la superficie. y yo, abajo, escondida. pues un poco lo mismo. pero claro, creces y la mesa se te queda pequeña. o la polilla la destroza.

lubeth dijo
y q mas? a disfrutar... el error mas grande de nosotros es no disfrutar la felicidad cuando cuelga de nuestras narices y al verla de lejos anhelamos volar para alcanzarla... en otras palabras la felicidad es lo mejor.. abrazala y convive con ella
27 Abril 2010 | 01:01 AM