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La Coctelera

mimala

7 Abril 2010

revuelta

la vida la tengo revuelta. rotundamente desordenada.  no me centro. pero no me molesta este estado. de repente estoy un lunes sentada en una terraza frente al mar. rodeada de adolescentes sin nada que hacer. yo igual. pero sin ser adolescente y con todo por hacer. cosas que me van quedando pendientes. ha pasado un cumpleaños que no he contado. con el momento más chulo sentada en la mecedora del rincón y viendo hacer al resto. con visita breve y un regalo escondido a medias en una gabardina. pasan los días, con el miedo haciéndome señas desde una esquina. y yo, mirando para otro lado. subiéndome a ese alambre que se ha convertido en mi preferido. que está lleno de cosas agradables, dulces e incluso tiernas.

en ese alambre están los paseos interminables con paraguas y humedad. con visita a consuelo que tiene parado el tiempo en su pasillo. con un calendario de 2006. que me insiste para que busque un hombre y me case. porque, dice, cuando llegue a los 90 años sí me va a doler la soledad. que me cuenta que los hombres nunca se enamoran. y que las mujeres pocas.  y que algunas se vuelven locas por sus maridos.. y yo me río y le echo más leña a la cocina. porque la casa de consuelo está fría. y sola. ella. con sus rizos blanquísimos, su ojo de cristal y sus venas retorcidas que parecen raices de árboles viejísimos. lleva como siempre un mandilón cruzado de colores alegres. no está abrigada. y ya tiene la comida preparada desde la noche anterior.

el alambre tiene también a papá. con su nueva máquina para soldar cosas inútiles para todos menos para él. se lo pasa bomba. aunque dice que está cansado. también tiene frío y se acurruca junto al fuego. y yo con él. en una silla de cuando tenía  cinco años. y mamá cocinando. y mi hermano viendo la tele. y mi abuela preocupada por marqués que se va detrás de todas las perras en celo y no regresa hasta las once de la mañana, con todos ya desayunados.  

han pasado muchas cosas. el señor del pantalón de tergal aparece en una tarde de lluvia vestido de astronauta. y yo me muero de ganas de abrazarlo. tan descontextualizado en mi mundo. pero insistiendo. con sus zapatos de suela. y yo con mis botas de agua. y mi bufanda de lana. me encanta que aterrice así en mi planeta. que me coja la mano sólo cuando tiene un motivo que lo justifique. o que se ponga rojo cuando le suelto una impertinencia sin querer. o que me diga que le hace gracia como voy vestida de pastorcilla. yo que me siento jardinera, dueña de camelias, calas rotas y hortensias frustradas.

lo malo del alambre es que las puntillas resbalan a veces. y te quedas colgando de un hilo. que a veces es rojo y otras de otro color. o se te engancha un pañuelo. y entonces pides auxilio para que alguien te separe el flequillo.

en fin, que no puedo acumular cosas pendientes. ni acumular cosas. porque si no soy una diógenes en toda regla como dice teresa.

al sol le cuesta. y el invierno hijoputa no deja en paz a la primavera. que no tiene manera de levantar cabeza. y así vamos todos. con esta ropa que fea que ni pincha ni corta.

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Sobre mí

regadera con zapatos siempre de tacón y rojísimos ensayando en un alambre como llegar a ser la hija de una bailarina rusa. sí, es muy díficil. pero nací con vocación de trapecista.

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