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6 Septiembre 2009

daniel

daniel era el dueño de la taberna. Y lo sigue siendo.pero ya no la lleva. Ahora me lo encuentro siempre en el cementerio con sus setter ingleses de los que está tan orgulloso. Rhin y Sil. Siempre cuenta la misma historia. Que rhin tiene tres colores y que ahora ya no se ven perros así. Y que si ilusión siempre fue tener un perro de caza, porque de joven era cazador. A daniel le encantan las cosas antiguas. Y hablar de ellas. Entonces cada vez que me lo encuentro le habló de lo que me gusta su casa. Todo el mundo conoce la casa de daniel porque era casa y taberna a la vez.. cocina privada y cocina de la taberna. en la misma cocina de butano donde preparaba su café de por las mañanas preparaba el de los clientes. y en la misma cafetera. porque en daniel non habia de esas cafeteras eléctricas. lo que había era muchos zapatos. ya lo dice él, tenía buen calzado, unan cosa humilde  pero buena. y sí. me acuerdo de unos tenis azul marino con la puntera blanca que mamá me compró en daniel. yo era tan pequeña que me acuerdo de que para probármelos me sentó en el mostrador. me preguntó si me gustaban. yo le dije que si. después mamá me compró un sombrero vaquero, como a juego. porque mamá era mucho de conjuntar las cosas. modernas  y conjuntadas. daniel servía cafés con sus zapatillas de cuadros puestas. ahora su casa ya no es exactamente taberna o sí pero ya demasiado sofisticada. y él ya no sirve el café. juega partidas de tute y pasea con sus perros con nombre de ríos. así es daniel. mezcla lo paisano con lo europeo.  Hoy me acompañó hasta donde antonia. Yo arreglaba el ramo y él fumaba tranquilamente su cigarro y me daba conversación. Siempre le digo lo mismo, daniel hay que dejar el tabaco. Y también él contesta lo mismo,  sólo los domingos. Daniel es soltero. Dice que no hay nada como vivir solo llevándose bien, claro. y yo me río. para mi daniel es exacto. La palabra que más le he escuchado en la vida. Cuando la dice la repite dos veces y la larga mucho. Sólo se le ha escuchado así a él. Nos sentamos en el muro y repasamos otra vez las conversaciones de siempre. Hablamos de las piedras, de las tejas, de las juntas de barro. De lo animales que son algunos que en lugar de barro las ponen de cemento. Y de los tejos. En el cementerio hay tres impresionantes. Entonces me cuenta que de pequeño tino y él se subían al primer piso. Cantas festas teño pasado aí. Y yo me quedo un poco incrédula, mirando para arriba. Me cuenta también que su abuela siempre le decía que nunca echase la siesta debajo de un tejo. que su sombra es muy mala. Es que es muy húmedo, me explica. uno de los tres tejos estuvo a punto de morirse. la parroquia entera lo daba por muerto. las malas lenguas decían que lo habían envenenado. las malísimas que lo había ordenado el cura. porque las raíces empezaban a levantar las losas de la iglesia. pero ahora el tejo está otra vez verde y sano. y los otros dos me recuerdan a como están mis puntas a veces. seguimos con las cosas antiguas. Y hablamos de su cama. Le digo lo mucho que me gustó siempre su escritorio. Y me corrige que su nombre -nombre no es escritorio. Cuál es. Y yo pienso pues no lo sé. Y él insiste en que una periodista como yo tiene que saber cuál es el nombre originario del escritorio. No me da tiempo. Buró me dice y yo, claro buró. Otra vez me cuenta lo de los paseos. Que para él andar es un vicio. Y que si no fuese por todo lo que ha caminado, hoy no estoy aquí hablando contigo. Esa frase me la dice siempre. Y llegan papá y mamá. Papá un poco más alegre. Y mamá muy guapa con pantalones blancos que rhin está casi a punto de manchar si yo no la aviso. Papá acaricia a rhin y se va a sentar en el balado a hablar tranquilamente pero mamá que le ve las intenciones le dice que no les da tiempo. Así que se van. Y yo me quedo un rato más sin prisa. Daniel y yo hablamos de lo mucho que nos gusta estar ahí, sentados al sol del cementerio. Y llegan dos hermanas simpáticas que yo no sé su nombre. Pero siempre me hablan mucho. Una tiene toda la pinta de estar un poco chalada pero es encantadora. Hoy hace años que murió su padre y por eso van al cementerio. La chalada no para de hablar. De su nieto de dos meses, de lo bien que bailaba papá cuando era joven. De lo guapo que era  y de que siempre está con la sonrisa en la boca. Y de mi tía isabel que era su mejor amiga. Y del mal carácter de mi tía paz(ita) y de la desgracia de mi tía finucha. La desgracia fue que se murió con 37 años. Casi a punto de tener un bebé. El bebé también se murió. Sí fue una desgracia. Muy gorda. Muy fea. Muy injusta. Antes de morir mi tía había salido de casa tan normal. Había dejado la lavadora puesta y a sus tres hijos haciendo los deberes. Era un día normal. Yo también hacía los deberes en el salón de mi casa. Estudiaba el arte en el camino de santiago. Era una tarde de sol y todavía llevaba puesto el uniforme. Estaba sentada en el suelo. Y de repente se paró todo. Mi madre gritaba llorando. Antonia lloraba muchísimo después. Y tuvimos que ir a recoger a mis primos. y mamá tendió la ropa de la lavadora. fue un gesto tan triste. tan desesperado, tan inútil y tan necesario. Sí fue una gran desgracia. Finucha. En casa nadie le llamaba finucha. Era la tía fina.

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regadera con zapatos siempre de tacón y rojísimos ensayando en un alambre como llegar a ser la hija de una bailarina rusa. sí, es muy díficil. pero nací con vocación de trapecista.

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