walking
si es que no se puede vivir en una ciudad tan pequeña. iba yo tan tranquila paseando con mis pensamientos y mi música de regreso a casa, después de intensa y extensa reunión laboral y zás, me tropiezo con el señor del pantalón de tergal. tengo como veinte metros para asumirlo. pero sólo me da tiempo a desenchufarme el mp3, y cruzar en rojo el semáforo. porque lo que ya no soy capaz de resisistir es esperar al otro lado de la calle a que se ponga en verde. y cruzo. y me coge del brazo y me dice que lo acompañe a dar un paseo. y voy, deshaciendo el camino que acabo de hacerme. y empiezo a decir cosas sin ton ni son, que se nota muchísimo que no lo tienen. y me cambio de lado porque no me acostumbro a la derecha. pero resulta que él tampoco a la izquierda. pequeño conflicto que al final me deja ganar, porque soy mujer, claro. y todo un señor de pantalón de tergal tiene esas cosas. como la de entrar a tomar un vino y tomarse de tapa una nécora. o confundir anatomía con autonomía. o coherente con comprometido, sólo porque las dos empiezan por las mismas sílabas. o pensar que aquello que me contó sobre la pérdida de referencias era un rollo que leyó en algún lado o que escuchó a alguien. que a él no se le ocurren esas cosas por sí mismo. y todo esto mientras se zampa una nécora. y yo me sigo riendo muchísimo en el camino de regreso mientras me cuenta cotilleos de lo más surrealistas y hace una pausa perfecta para que yo me siga riendo. walking.
