cuando empecé a regar
vivía en una cottage. cuidaba de tres niños en la campiña inglesa. y regaba las plantas, mientras graham buscaba cánceres en su ordenador. por eso a veces estaba upset. los niños ya dormían después de los cuentos y mi taza con te tetley del safeway esperaba en el jardin. en aquella mesa de hierro blanco. con la colada que yo había tendido. en las tardes de invierno me sentaba allí y leía y releía las olas. el amuleto que jesús me regaló cuando nos despedimos. sólo me iba seis meses y era como si me fuese para toda una vida. y es cierto porque seis meses pueden ser toda una vida. entonces lo fueron. la primera noche en aquella cocina dejé el libro en la mesa. porque como era, eso, mi amuleto quería tenerlo siempre a mi lado. y graham lo miró y me dijo: the waves...very difficult. claro graham, quién te había dicho a ti que las olas eran fáciles. así empecé a regar. con botas de agua en primavera. con faldas de abuela arregladas. adaptadas a mis medidas. aunque hay cosas a las que ni tan siquiera tengo que tocar. como el abrigo de paño marrón. y de repente una tormenta. con rayos y truenos como este sábado de noche. que parecía que la casa entera de abuela se iba a caer enterita. y me despierto y me dan ganas de salir corriendo a la habitación de mis padres. me acuerdo entonces de abuela, cuando aún era joven, bueno una mayor joven que rezaba con una vela preciosa encendida: sánta bárbara bendita que en el cielo estás escrita...o algo así. las tormentas. las regaderas. las botas de agua. papá me contó que se encontró con una enfermera de las de entonces. y que se llevó una alegría enorme al verlo. le dijo:
-vi a su hija hace poco...se la veía tan alegre que no me atreví a acercarme a preguntarle por usted...me daba miedo que se hubiese muerto...y que se pusiera triste.
las enfermeras. como las regaderas. lloviendo todo el relato aunque la primavera ya haya parido.

may dijo
no hay nada como esa grandes bofetadas de la realidad.
1 Abril 2008 | 09:36 AM