un ducados
la regla me tumbó el viernes. así, como un bofetón.antes me compré dos libros para tener provisiones. hay que ser bruta. me compré "desgracia" de coetzee. que me encantó pero otra ostia. leía cosas que me estaban lastimando a lo bestia. eran coincidencias que dolían mucho. pero me quedé abrigada en la cama. me quedé abrigada y dormida, mientras el viernes se acababa.
el sábado fue un buen día. distinto. pero me levanté con ganas de un ducados. hacía años que no me pasaba. me sentí como cuando de pequeña iba a comprar a escondidas una cajetilla a daniel. que en realidad no era a escondidas porque yo llegaba a daniel, en mi bici rosa, y le decía: hola daniel, me das una cajetilla de fortuna. no colaba que fuese para mi abuelo porque él fumaba record, y después ducados. y era mi abuela la que le compraba el tabaco cuando iba a misa. me fumaba los fortunas a medias con ana. una amiga que hace una vida entera que no veo. ella no tenía bici. así que yo recorría kilómetros para llevarle los fortunas. y nos íbamos al cementerio, a hablar de hombres, bueno niños-hombres y cosas.
pero este sábado me levanté con la necesidad de un ducados. así que el corazón me latía muy muy fuerte. para intentar pensar en otras cosas hice recados. fui a comprar flores. mi florista me felicitó por haberme aprendido el nombre de astromelia. no quise decirle que no es que no me lo aprendiese. es que no me gusta ese nombre de (evidente) astronauta para esa flor. tampoco el de falsa orquídea, pobre flor. mi florista me regaló tres ramos de astromelia como premio. pero yo seguía pensando en mi ducados. subí a casa coloqué aquí allá aquí las flores y me fui a por mis ducados. entré en una cervecería oscura oscura todavía más oscura por el sol de fuera.decidida dije: me puedes activar la máquina, por favor. mientras paulina rubio cantaba ni una sola palabra.
era la mañana de sábado que llevaba tantos sábados buscando. me senté en el parque a tomarme una cerveza. en el quiosco estaban los de siempre. los cuatro matrimonios del barrio, con sus hijos, con sus bicis y con su punto. hablaban de que lo peor de lo peor eran los tacones y el chandar. bueno, casi peor los calcetines blancos. pero uno de los maridos no lo entendía. a ver, siempre que no fuesen zapatos negros, por qué los calcetines blancos eran lo peor? y yo con unas ganas tremendas de meterme en la conversación.
y los 3 de atrás hablando de cómo puede ser que el soe se empeñe en decir que la economía de españa va bien cuándo la economía doméstica se está yendo a tomar por el culo? y yo, lo mismo, con unas ganas horrorosas de meterme también en la conversación.
paso de las conversaciones y pienso en la quiosquera. la de toda la vida. todavía es joven. aunque parece mucho mayor que yo seguro que sólo me lleva un par de años. cuando le pido la cerveza me doy cuenta de que tiene unas calvas inmensas. se me encoge el corazón. otra vez la angina de pecho. joder. joder. joder. y yo con un par de huevos me enciendo el ducados. y es como si me fumase un peta de los de adolescente. cómo me coloca ese ducados. con el primer sorbo de la estrella ya estoy flotando. y todavía me queda toda la tarde del sábado. todo el domingo. fue una mañana de sábado como dios manda.
por la tarde d. me llevó de excursión a muxía. pintaron muchas estrellas y una luna a punto de explotar. casi. debajo de una carpa jugamos al cine. d. me regaló un pin precioso. el de ella es más bonito pero con el mío activas más la memoria de lo que fue esa noche de sábado. decir que las olas estaban bonitas, impresionantes, es decir una sandez (me encanta esta manera solemne de llamar a las tonterías). la iglesia ahí de pie, toda chula, y las olas estrellándose en sus putos pies. joder. joder. joder. esta visión me coloca más que la estrella, la estrella cerveza, así que enciendo otro ducados. vamos, que a esas alturas voy emporrada. en vez de en muxía parecía que estábamos en dorset o algo. tanta piedra bonita. y los faros uno frente a otro. en un diálogo acojonante que te obliga a callarte. porque en boca cerrada no entran moscas. ni olas. y de vuelta a casa hablando, hablando, hablando. con curvas cerradas. con esas curvas que entiendes tanto. porque has crecido con ellas y son iguales a tu cabeza.todavía queda el domingo. un domingo en el que papá me levantó de la cama. para irnos a comer por ahí y disfrutar del sol. y de un cocido con grelos. y de un mencía que más que beberlo dan ganas de comerlo. y de un café con gotas que me las echa papá. y si un padre echa gotas en un café pues uno obedece, qué coño. la angina de pecho está que se sale. descubro que no es la angustia lo que me retuerce el pecho. es la emoción. yo, con fines de semana así, me muero. y mamá guapa y feliz diciendo, qué bien nos lo estamos pasando, verdad? verdad, mamá.


may dijo
bien por ti.
22 Enero 2008 | 11:37 AM