mirtha y giselle
me subo al cuatro. en la siguiente parada se sube una madre con tres hijos. no es capaz de subir la silla. así que la ayudo. y ella casi me regala al niño. me lo aguantas un momento? no maniobro bien con la silla y bloqueo el paso de todos los viajeros. llega la madre con los otros dos. la mayor, niña, lleva dos coletas, una muñeca vestida de rosa y amarillo, y la clavícula rota. y un ramo pequeño de flores. y tengo ganas de cantar eran tres alpinos que venían de la guerra. ria ria cataplan. te gustan las flores? sí le encantan me responde la madre. a veces llego a casa y me encuentro las camas llenas de flores. niña con coletas y clavícula rota quieres ser mi amiga? se da cuenta de que una está pocha. vaya. no pasa nada cuando llegues a casa le das un poquito de agua y ya verás como se pone bien. le miento. ojalá pudiésemos revivir sólo con regarnos un poquito. yo, aunque sea regadera no tengo esa capacidad. después llegó mi parada. me espera giselle. la pobre giselle que se convirtió para siempre en una willi. por enamorarse de un príncipe mentiroso y luego, cómo no, arrepentido. el segundo acto es blanco y silencioso a pesar de la música. mirtha, la reina de las willis, lleva un tocado de perlas. tiene una cara de una severidad preciosa. es que la severidad a veces tiene mucha luz. mirtha no tiene piedad. giselle la tiene toda. pero creo que me llegan más los pasos de mirtha. sola, vengativa y con su tocado de perlas. sus manos larguísimas rechazando las súplicas de giselle. que no, que no, que no, que no. y giselle insistiendo en su desgarro. me quedo con mirtha. infinitamente más justa. la piedad es otra cosa.
may dijo
por fin abriste la ventana. estaba preocupada.
el domingo recogí las últimas flores de meirás.
las miro mucho porque les queda muy poco tiempo ya.
hola.
9 Octubre 2007 | 10:27 AM